lunes, 21 de diciembre de 2009

Martes de la 4ª semana (22-12-09)


“Pues vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarlo”

(Mt 2,2)


Te invitamos a leer con atención el siguiente texto. Con calma y meditando cada palabra:

El Barco en el mar abierto
Piensa que vas en un barco por mar abierto.
Sólo puedes guiarte por las estrellas.
En la amplitud del océano, sólo hay mar en todas las esquinas y perderse es lo más fácil.
Entonces es preciso mirar una estrella alta y seguirla todas las noches.
Si sigues estrellas distintas entonces cada día navegarán en una dirección nueva, y puede ser que den vueltas en círculos.
Por eso, ten una visión de ti. Un propósito, un objetivo. Ten fe.
Y pon esa estrella en lo alto.
Y en los días difíciles mantente ahí, navega hacia ella. Por la mañana endereza tu nave hacia esa dirección, en la noche verás salir la estrella en la punta de tu barca.

Que Dios sea quien sople tus velas. Y tú sé un navegante tranquilo.

Pronto llegarás a puerto.

Sólo fija esa estrella.

Sólo elige esa estrella, con Dios a tus espaldas ese pareciera ser el único paso.

De eso se trata el compromiso, de elegir una estrella.

De eso se trata la fe.

Sé que eres buen navegante. Y sé que pueden guiarse entre todos.

Sólo mantente y navega.

¿Qué estrella sigues tú?
¿Has elegido una estrella definitivamente?
¿Esa estrella es Jesús?

Te invitamos a pensar en las personas y acontecimientos de tu vida que te han encaminado en el rumbo de tu vida, que han iluminado tus senderos y que sobretodo te han llevado hacia Jesús. Da gracias por todo y todos ellos y afírmate en tu convicción de no perder ese rumbo que nos conduce hacia el Señor. ¡¡Navega mar adentro!!


Matías Valenzuela - mvdsscc@gmail.com

2 comentarios:

  1. QUE HERMOSO COMENTARIO!GRACIAS POR AYUDARNOS A REFLEXIONAR Y SEGUIR NAVEGANDO MAR ADENTRO!BESOS
    ANA

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  2. Seguir una estrella, no es dificil; sobre todo cuando esa estrella es Dios y cuando el mar está tranquilo, pero cuando en nuestro mar se produce tempestad...esperamos sin hacer nada, que el mar se calme; perdemos de vista la estrella y el horizonte.
    Nos cuesta ver la estrella con el mar revuelto, si aquietamos nuestro corazón volvemos a ver la estrella y hacia que horizonte nos guía.

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