Los hombres, al llegar donde Jesús, dijeron: “Juan Bautista nos envía a preguntarte: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”
En ese momento Jesús curó a varias personas afligidas de enfermedades, de achaques y de espíritus malignos y devolvió la vista a algunos ciegos.
Contestó, pues, a los mensajeros: “Vuelvan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos se despiertan, y una buena nueva llega a los pobres.
Y ¡dichoso aquél para quien yo no soy motivo de escándalo!”
(Lc 7, 20-23)
En ese momento Jesús curó a varias personas afligidas de enfermedades, de achaques y de espíritus malignos y devolvió la vista a algunos ciegos.
Contestó, pues, a los mensajeros: “Vuelvan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos se despiertan, y una buena nueva llega a los pobres.
Y ¡dichoso aquél para quien yo no soy motivo de escándalo!”
(Lc 7, 20-23)

Señor Jesús, nuestro corazón -como el de Juan Bautista-, se hace preguntas…Nuestros modos de comprenderte son tan pequeños, tan lejanos, al lado de la hondura de tu corazón lleno de amor misericordioso.
Ayúdanos a descubrir con alegría, la profundidad de la libertad que nos ofreces…líbranos de tantas cosas que oprimen a nuestra humanidad…
Tú corazón reclama libertad…Jesús, te pide que te entregues en sus manos…
¿Qué quieres que el Señor haga por ti?
Ayúdanos a descubrir con alegría, la profundidad de la libertad que nos ofreces…líbranos de tantas cosas que oprimen a nuestra humanidad…
Tú corazón reclama libertad…Jesús, te pide que te entregues en sus manos…
¿Qué quieres que el Señor haga por ti?
Rafael Domínguez - r.dominguez@sscc.cl
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