Juan, el profeta de la inminencia, del hacha puesta al pie del árbol, de la urgencia del Reino, nos llama a la conversión. ¿De qué necesito convertirme? ¿Qué túnica tengo que partir para compartirla, qué mano tender al que me necesita?
Te pedimos, Señor Jesús, que por tu venida se fortifiquen los corazones de tus fieles, que se fortalezcan las rodillas de los que son débiles. Que por tu visita sean curadas las llagas de los enfermos; por el toque de tu mano sean iluminados los ojos de los ciegos; por tu poderosa ayuda se afirme el paso de los vacilantes; que por tu misericordia sean desatados de la esclavitud de los pecados. Haz que puedan alcanzarte con el alma llena de gozo en la segunda venida de tu juicio los que ahora ves que acogen con gran devoción tu venida en la mística encarnación ya cumplida, y llévalos a la dulzura del paraíso” (Oración del Tercer domingo de Adviento del Misal Hispano-Mozárabe)

Guillermo Rosas - g.rosas@sscc.cl


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